Acuerdo de París: 0.5ºC que marcarán la diferencia
18.Dec.2015

El 12 de diciembre, a las 19:26, hora local de París, el martillo del Presidente de la COP21, Laurent Fabius, golpeó la mesa. Al martillazo de consenso le siguieron aplausos y una sensación de que algo grande acababa de ocurrir en el tercer planeta del sistema solar.


El objetivo principal del "Acuerdo de París" es evitar que la temperatura media de la tierra se incremente en 2ºC, en comparación con la era preindustrial. Sin embargo, se hizo un énfasis importante en hacer esfuerzos para que no se incremente siquiera en 1.5ºC. Medio grado que sí hace la diferencia para algunas regiones del planeta y una meta que, para algunos, sólo sería posible con el completo abandono de los combustibles fósiles para el año 2050.


Por ejemplo, aunque América Latina sólo aporta el 10% de las emisiones de carbono, un calentamiento de la tierra en 2ºC traería consecuencias devastadoras para la región, muchas de las cuales ya han podido verse reflejadas en las inundaciones, sequías y olas de calor extremas. Incluso, de acuerdo con la ONG Germanwatch, entre 1995 y 2013, cinco países latinoamericanos estuvieron ubicados entre las 10 naciones a las que más fuerte golpeó los efectos del cambio climático: Honduras, Haití, Nicaragua, República Dominicana y Guatemala.


Los medios y las condiciones


Más de dos décadas de negociaciones infructuosas e intentos estrepitosos por lograr acuerdos de orden mundial forjaron el camino para que este día llegara. El resultado: un texto de 31 páginas (40 en español), ratificado por 195 países, que pone de manifiesto la intención de prácticamente todos los líderes mundiales de hacer algo urgente y efectivo para frenar el cambio climático.


El tratado incluye el compromiso de establecer mecanismos de revisión a las contribuciones nacionales (INDC) cada cinco años, al cabo de los cuales, las naciones deberían reajustar sus metas "a la alza", es decir, adquiriendo cada vez más compromisos.


Los países desarrollados, además de fijárseles mayores exigencias en los recortes de emisión de Gases Efecto Invernadero (GEI), estarán en el deber de contribuir a la financiación de la adaptación y mitigación de las naciones en vías de desarrollo. Para esto se acordó crear un "fondo del clima", movilizando 100.000 millones de dólares anuales de aquí a 2020.


Aunque el acuerdo no es legalmente vinculante, los mecanismos de revisión de los objetivos sí lo son, con el fin garantizar un cumplimiento transparente.


Contribuyentes de última hora


Tal y como lo habían señalado los representantes de Venezuela en la COP21, las INDC de la nación suramericana fueron presentadas casi al final de la cumbre, al conocer cuáles serían las contribuciones de las grandes potencias, a quienes les atribuyen la responsabilidad histórica de la grave crisis climática a la que se enfrentan todos.


La jefa negociadora venezolana, Claudia Salerno, anunció en la sesión plenaria de la COP21 que Venezuela había consignado el sábado su contribución nacional de reducción de emisiones de GEI: 20% sería la cifra, proyectada para el 2030, en relación al escenario inercial.


"El grado en que se alcance esta meta dependerá del cumplimiento de los compromisos de los países desarrollados en cuanto a provisión de financiamiento, transferencia de tecnología y formación de capacidades", detalla el documento. Además, precisa que "Caracas se reserva el derecho de reconsiderar sus estrategias y metas en función de lo acordado en la COP21(...) y las prioridades del desarrollo nacional" y destaca que el país es responsable sólo del 0,48% de las emisiones mundiales de GEI; aunque esta cifra proviene de la Primera Comunicación Nacional en Cambio Climático, publicada en 2005.


Venezuela además incluyó en sus INDC los objetivos que ya tenían anteriormente estipulados en su Plan de Desarrollo Económico y Social, como parte de su compromiso como nación que busca la construcción de "un modelo económico productivo ecosocialista".


¿Un cambio en la economía venezolana?


La meta mundial de establecer un pico de emisiones de carbono tendrá importantes consecuencias en América Latina, pero sobre todo en Venezuela, en donde además de contar con las mayores reservas de petróleo mundiales, este constituye su principal fuente de ingreso. Por esto se prevé que  el acuerdo de París tendrá enormes implicaciones para su economía a largo plazo. Sin embargo, Latinoamérica ha figurado como una de las principales regiones en las que los inversionistas han puesto el ojo para invertir en energías renovables, una industria en la que nuestro país también tiene altísimo potencial.


Muchos coinciden en que este acuerdo histórico no representa la solución, sino un paso más en un camino en el que todos, desde gobiernos hasta empresas privadas y ciudadanos, deben poner su granito de arena en un intento de reconstruir un planeta para las generaciones del futuro, y dejarlo en mejores condiciones de las que se encontraba cuando llegamos a él.

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